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La interpretación de lengua de signos

La lengua de signos española (LSE) es la lengua nativa de cerca de 120 000 personas diagnosticadas con sordera, además de ser la lengua que conocen y utilizan personas oyentes, hijos de padres sordos, intérpretes y profesores, entre otros, en su interacción familiar o profesional con esta comunidad.

Se trata de una lengua visual que cumple con todas las características formales del lenguaje humano, con una gramática visual rica y propia. La LSE nace de forma natural de mano de un grupo de personas con discapacidad auditiva, que se vale de las manos para crear un sistema de signos «verbales» capaces de expresar todo tipo de significados, como cualquier otra lengua oral.

En la actualidad, según indica la Confederación Estatal de Personas Sordas, en España conviven dos lenguas de signos: la lengua de signos española y la lengua de signos catalana.

interpretes profesionales en legua de signos

Este aspecto lo recoge la Ley 27/2007, en la que se reconocen ambas lenguas de signos y regulan los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas. Asimismo, en los estatus de algunas Comunidades Autónomas, como Andalucía, Aragón, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura e Islas Baleares, se hace referencia a la lengua de signos española.

Este gran uso de la lengua de signos se traduce, sin lugar a dudas, en un desarrollo espectacular de la misma y, como consecuencia, de la interpretación de lengua de signos

El intérprete de LSE es una persona oyente que posee el título de Técnico Superior en Interpretación de Lengua de Signos. Es decir, es un intérprete oyente que trabaja con dos lenguas: el español y la LSE.

Por norma general, se trata de una interpretación social en servicios educativos, médicos, laborales, jurídicos, etc. y en cualquier situación formal en la que una persona con discapacidad auditiva necesite comunicarse o interactuar con una persona oyente.

Siempre que exista la necesidad de comunicación entre personas sordas y oyentes, encontrarás la figura del intérprete de signos. Entre las distintas situaciones cabe citar:

  • Reuniones con abogados, policía, tribunales o prisiones.
  • Entrevistas de trabajo, conferencias y eventos de formación.
  • Enseñanza o aprendizaje durante clases o cursos.
  • Citas con médicos, dentistas o cualquier otro profesional sanitario.
  • Eventos religiosos, sociales y culturales.

 

A pesar de tener su propia gramática y respetar otros estándares propios de la lengua oral, son muchos los profesionales, lingüistas y otros, que, a día de hoy, dudan de su condición de lengua.

Es verdad que no hablamos de una lengua internacional, ya que las lenguas surgieron en las distintas comunidades de personas con discapacidad auditiva u oral-auditiva, por lo que no se puede determinar un desarrollo o una evolución común.

Por este motivo, podemos hablar de la lengua de signos italiana, la lengua de signos española, francesa, japonesa, etc.

Pese a que sí existe un sistema de signos internacional que facilita una comunicación básica entre personas sordas de distintos países, el alcance de esta comunicación es limitado y elemental. De ahí que en los encuentros internacionales sea necesaria la figura del intérprete de cada lengua de signos presente.

Otro error frecuente en el que se suele caer es pensar que la lengua de signos consiste en el deletreo de palabras de manera sistemática. Sí es cierto que se utiliza un alfabeto manual o alfabeto dactilológico en el día a día para deletrear nombres de personas, ciudades o aspectos en general para los que aún no exista un signo acuñado.

interprete de lengua de signos

Interpretar en lengua de signos tampoco consiste en sustituir cada palabra por un signo.

Tal y como comentábamos antes, se trata de una lengua con una gramática propia y una sintaxis y estructuración propia.

En la lengua oral español, el orden sintáctico de las frases suele ser «sujeto-verbo-objeto», mientras que, en la lengua de signos española, el orden es «sujeto-objeto-verbo».

Por ejemplo, la frase en lengua oral «Yo bebo agua», interpretada en la lengua de signos sería «Yo-agua-beber». Este sería el orden básico de los signos dentro de una oración.

Ahora bien, ¿qué ocurriría si a la oración añadimos algunos complementos?

En primer lugar, cabe destacar que en la lengua de signos no se utilizan los verbos «ser» ni «estar». Por lo que la oración «Yo estoy hambriento» pasaría a ser «Yo-hambriento».

Cabe mencionar que, en la formación de oraciones en lengua de signos, los complementos de temporalidad siempre se signan al principio de la oración.

Por el contrario, los adjetivos y los adverbios casi siempre se colocan al final de la oración al interpretar de la lengua oral a la lengua de signos.

Por ejemplo, la oración «Vi una película romántica ayer por la noche» se interpretaría como «Ayer-noche-yo-ver-película-romántica».

Estas son algunas de las principales características y diferencias que existen entre la lengua oral y la lengua de signos.

Tal y como indicaba al principio de este artículo, la figura del intérprete de lengua de signos y la importancia de este tipo de interpretación surgen por la necesidad de comunicación entre las personas con discapacidad auditiva y personas oyentes.

Tanto las responsabilidades como las funciones de estos profesionales han ido surgiendo y evolucionando a la vez que evolucionaba la propia lengua de signos.

Si te interesa conocer desde dentro esta profesión y, por qué no, formar parte de la comunidad de intérpretes de lengua de signos, existen numerosos cursos orientados a su aprendizaje que te permitirán adquirir todas las destrezas y habilidades necesarias para su dominio.

Y, recuerda: los intérpretes de signos hacen posible que las personas sordas y las personas mudas tenga voz y voto en la sociedad.

 

Autor: Alejandro Rodríguez Martín

LinkedIn: www.linkedin.com/in/alejandrotatutrad

 

 

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